13/5/10

Ave del paraíso



Tendría dos años, acaso tres.
Mi memoria de entonces era como un sueño del que nunca despiertas del todo. Un sueño congelado en un instante, entre la penumbra del amanecer y la bruma del letargo. Despertaba -o creía despertar- con el olor de unas sábanas limpias de ovejas negras saltando nubecitas, en el cuarto donde crecí. Un pájaro cantaba en mi ventana (lo que entonces fuera un tópico de Dios hoy se echa de menos como circunstancia extraordinaria). Un pájaro de brillantes colores encaramado a una rosa enredada a una alambrada. La que separaba la casa de mi padre de la quinta del portugués, por los tiempos en que aún no habían medianeras (las medianeras llegarían con la suspicacia de los vecinos y los quetzales convertidos en gorriones).
Un pájaro cantaba en mi ventana:
-Mami, ¿dónde está el pájaro?
-¿Qué pájaro, hijita?
-¡El pájaro, mami, el pájaro!
Pasaron los años y pájaro que comió, voló. Era de brillantes colores, como lo son los pájaros de la infancia. Era del tamaño de una paloma, tenía una larga cola como de faisán, una cresta, y se posaba sobre una rosa brutalmente roja. Nunca hubo pájaro con lluvia, para que hubiera pájaro tendría que haber mañana radiante. Y afiladores. O una madre silbando en la cocina y desde el fondo del dock, gimiendo en lánguido lamento, el eco trae el acento de un monótono acordeón...
Pudo ser, ese pájaro, cualquier cosa además de quetzal. Pudo ser también gorrión, afilador,  chiflido o ave del paraíso que se extravía entre sueño y vigilia cuando surje la razón.
El pájaro del territorio perdido de entremedias desapareció para siempre cuando prosperaron las palabras. Pagaría, hoy, por volver a ese territorio de entremedias. Pagaría, hoy, por oir nuevamente a ese pájaro, por la rosa, la alambrada y el viejo portugués. Por la quinta que crecía a espaldas de la casa de mi padre. Daría todo lo que soy, y lo poco que tengo, por volver a oir ese pájaro.
En cambio, sólo tengo las palabras. 

Escrito en Madrid, el 8 de agosto de 2008.

4 comentarios:

Camino a Gaia dijo...

Tienes el recuerdo y el don de la palabra. Seguro que en el aire de ese anhelo viven disueltos algunos dones mas.
El pasado no puede volver. Como sabes, no es cuestión de precio, no es cuestión de esforzarse con monedas.
Cuando la belleza nos deja la inquietud de la añoranza y vemos alejarse en el tiempo nuestras imágenes mas amadas, solo queda buscar y fraguar un futuro que contenga sus pigmentos.

Orfeo dijo...

…y sin embargo es por estas carencias de hoy que el pájaro ha tomado su forma.
Las palabras que fluyen son el reflejo de de ese ser eterno que siempre habita en vos.

Vender tu alma para comprar tu alma…

Las monedas no son necesarias para pagar lo que siempre fue tuyo, lo que nunca perdiste…

En algún punto tus penas son envidiables…

R.A.B dijo...

Vuestros comentarios me han recordado un detalle que faltaba y que, como veis, he añadido al final: el texto fue escrito el 8-8-2008, lo que en la cultura andina y en general los aborígenes americanos llaman día fuera del tiempo. La paradoja es que justamente ese día me diera por mirar para atrás, y EN el tiempo.

Jorge: en algún punto mis penas son envidiables... Manda huevos!!
Gaia: ¿no será cuestión de fraguar un presente que contenga sus pigmentos? Bienvenid@!!

Besos a los dos.

Aquí me quedaré... dijo...

Pues menos mal que es el día 8 del 8.
Naci un día seis del 8 y estoy fuera del tiempo.

Vamos, más perdida que un 8.

Besos