22/6/10

Hijos de la glaciación



Les ves sentados en la terraza de un bar, relajados, indiferentes. Tienen el cuello tieso como el de un venado, la cabellera brillante, las manos impecables. Una mirada quirúrgica. Ellos ya no ondulan: son lisos. Da igual el color de su piel: en este caso no es una cuestión cutánea sino genética. De mutación genética. No conocen el esfuerzo: no lo conocerán jamás. Están bien alimentados y son cultos. La mayoría recicla. Tienen un master en no sé qué universidad extranjera. Un coche nuevo. Un piso propio al que le sacan el beneficio de la renta. A veces viven con los padres, pero llevan una vida independiente. Por supuesto, hablan cuatro idiomas. Todos han probado la coca, pero ya no les interesa. Han probado el sexo -bastante- pero eso también ha dejado de interesarles: se trata de una práctica fácil, expeditiva, casi siempre higiénica. La mecanicidad de las partes asume las consecuencias de la inmediatez como algo perfectamente predecible, brevemente feroz. Luego, a otra cosa. No olvidemos que han sido educados para dominar, no para reproducirse. Llegaron al mundo cuando el mundo ya empezaba a menguar: mientras ellos crecían, el plástico ya era cuento viejo en todos los depósitos marinos. Pagar por la bolsita del supermercado es una acción civil. Conmoverse ante ciertas injusticias sociales es parte de un diseño que ha sido cuidadosamente planificado. Es posible que en algún momento, y tras la séptima copa, a alguien le dé por hablar de prehistoria: el  baby-boom de los '60, un detalle bizarro. Se comentará el asunto con la cariñosa condescendencia que inspiran los abuelos -una especie en extinción. La hojita de hierba pegada a la suela de un zapato puede ser una tragedia que ellos asumen con un deje entre fatalista e irónico. Toda una tragedia la de la hojita pegada a la suela del zapato. Una variante: la tragedia de perder el avión, sin que en ningún momento se les pase por la cabeza la idea de coger un autobus. El desapasionamiento, la incapacidad de evocar, si acaso, un mínimo esfuerzo -también, el mínimo esfuerzo de la duda- o la mínima voluntad de combatir, no es algo congénito sino parte de la mutación. La verdadera tragedia ya ha pasado, la guerra nuclear tan largamente anunciada fue, en efecto, un destello que se produjo mientras todos dormíamos. Puesto que sólo llegamos a percibirla cuando ya había sucedido, fue nuestro primer gran desastre de éxito. Algo que ellos asumen, como es natural, sin culpa, porque no la tienen, y porque los hijos de la glaciación crecen inmunes al hielo.
(Nota: no se tome como generalización, sino como observación de una tendencia. Trend).

10 comentarios:

Un paseante dijo...

Simbolizas muy bien la decadencia de la raza: seguro que ni se les ha pasado por la cabeza que ese sea su mal.
Por suerte, cuando uno ya tiene una edad, estas cosas comienzan a traerle sin cuidado. Lo importante es lo que vivimos nosotros, no ellos. Que les den.
Y llegarán los bárbaros del Norte y tirarán con todo: la historia es cíclica, aunque esto tampoco lo saben. Muerte y putrefacción, seguidas de un renacer primario. Siempre ha sido así.

R.A.B dijo...

Es que esta gente, todo lo que hace es de diseño. Todo. El fin de dominio para el que son educados también es de diseño. Como muestra, el plan Bolonia. Resulta esperanzador que haya tanto chaval que le va en contra.

CHINCHU-LYN dijo...

Tené cuidado que el SS (sapiens sapiens.......... ¿qué pensaban?) te mira con cara de hielo. Ya lo tenés junado, y cree que la polla se le va a levantar hasta los 90.

Anónimo dijo...

Oye, que yo llevo ese corte de pelo :I
Hala, en cualquier caso: estoy de acuerdo en que hay mucho pasotismo y mucho capullaje y está bien que se les ponga a parir de vez en cuando. Tú lo haces en un tono seco y tan quirúrgico como la mirada que describes al principio. Tan fría como la glaciación, y por tanto tan certera.
La próxima vez que me tome una caña en una terraza pensaré si mi cuello está tieso como el de un venado. Entonces me acordaré de ti.
Samuel

Aquí me quedaré... dijo...

No vayamos a generalizar.
Ellos no tienen nada.Todo se lo dan hecho.
De esos temas, culpo mayormente a los padres.

Seguramente, el día que sean padres, serán durísimos con sus hijos

Beso

R.A.B dijo...

Al respecto tengo una frase: que nos pensaron el futuro antes de que pudiéramos imaginarlo. Si a nosotros nos tocó eso, los hijos de la glaciación lo tienen frito. Yo empecé a sospechar la primera vez que un amigo de Argentina me apareció con una hamburguesa y patatas. Todo el mundo flipando con la comida basura. Coneltodohecho. Ya en los 90.
Por cierto, Chinchu... a este paso si no se les pone ya hay prótesis en el mercado para sustituir.
Samuel: mira, no creas, que a mí me gusta ese corte de pelo. Lo que me da dolor de colon es la frialdad impertérrita que ostentan, y esa chulería hiperradiguay que se supone muy underground. Los de la no-wave ya lo hicieron, pero se pincharon el brazo en serio. Sé que es duro lo que digo -y hasta puede sonar mal, tómese en cuenta que siempre hablo en metáforas- pero eso de ir por la vida con un aire de haberte mojado y no saber ni lo que es subirte a un autobus porque al cabo de diez horas duele el culo, es una impostura.
Aquí me quedaré. Creo haber aclarado que no es una generalización. Tampoco les echo la culpa a los padres: a partir de los 18, ya no son unos niñitos. Hay que hacerse cargo. Cogerse el autobus :)). Asumir las muertes. Crear cosas nuevas. Irse de casa y hacer pointing en la vida. Pasar un poquitín de hambre tampoco viene mal. Digo... para dejar de ser de cartón mojado. O para que haya chicha además de cartón.

Besos.

asturiano dijo...

Esos de los que hablas son los hijos de las nuevas clases medias. Niñxs todxs aburguesados.

Al menos creo que es así en el país en el que vivo: España

R.A.B dijo...

España, sí, pero yo hace un tiempo estuve en Argentina y me encontré con una versión similar. Y no digamos que es porque nos parecemos, ya que en 500 años creo que hemos adquirido algún tipo de identidad propia. Y mi amiga la yanqui tiene una colección de ellos para mostrar. O sea que... no es el país, asturiano. Insisto: se trata de una mutación genética. Alteraciones en el ADN :))
Bienvenido a mi posada.

Aquí me quedaré... dijo...

Rab.
Aquí, tenemos "niños" de cuarenta años.
Si dices que en otros lado pasa lo mismo, algo habrá que hacer.
Son el futuro.

R.A.B dijo...

Los hay, pero con novia. Aquí ni eso tienen.