28/11/10

De fábricas y recuerdos: La Tabacalera de Lavapiés



La Tabacalera de Lavapiés, junto a la glorieta de Embajadores, debe su nombre a su origen, ya que en otro tiempo fue la Fábrica de Tabacos de Madrid, una descomunal mole cerrada para tal fin que hoy funciona como centro social autogestionado. Si bien las malas lenguas aseguran que el Ayuntamiento les quitará esos derechos en febrero de 2011, sus defensores insisten en que eso no va a suceder.
Es el caso de Chema, uno de sus habitués. Un personaje simpático el Chema. Le conocí mientras salía del edificio, oyendo un canturreo a la altura de mi homóplato derecho. Me di vuelta sobresaltada y allí estaba él, pegado a mi costado y sonriendo. Un chaval pequeñajo, mucho -un enanete de ojos azules- con las manos sucias de escayola.
-¡Uy!¡Qué susto me has dado!
Se rió:
-¡Ya vale tía!¿Tan feo soy?
Empezamos a hablar como si se tratara de algún primo recuperado de otra encarnación. Me contó que están montando un chiringo para una expo en el sitio, que él siempre anda por ahí, echando una mano. Ni punto de rigidez. Chema es blando y pletórico, se diría que un bailarín de break en su momento de pausa para fumarse una calada. El tío me hizo gracia, me cayó bien, así que mientras íbamos andando empezamos a charlar. Yo iba hacia La Caracola, otro centro autogestionado, sólo que de mujeres; otra ex casa okupa (no os asusteis: no pienso irme de okupa de momento).
- ¿Y tú cómo te llamas?
- Roxana, ¿y tú?
- Yo soy Chema.
- Ah... ¿y eres de aquí o te vienes de lejos?
Me mira de un modo que me hace pensar que no encaja la pregunta, o que la que no encaja ahí soy yo.
- ¡Qué va tía! Yo soy de por ahi... -Señala hacia algún punto de la calle, en dirección a no sé dónde. Se explaya: - Yo vivo en la calle, tía, con unos colegas...
Me cuesta creerlo. No es que vaya exactamente bien vestido, pero su aspecto no acusa el deterioro integral de los mendigos: o al menos no de los que yo conozco -y conozco alguno-, ni el característico aroma dulzón del abandono físico, ni de lejos su dejadez o su caída en el aislamiento. Intuyo que Chema podrá vivir en la calle, pero conserva su buen rollito de chaval que lo lleva bien y su cierta esperanza de muy pronto conseguir un nuevo reducto donde oficiar de okupa hasta que la muerte nos separe. Y es ahí que me surje la pregunta estúpida de rigor:
- Pero... no tienes familia...
El tío pasa de la respuesta con toda la fuerza de su moral. Y lo hace con toda razón. Como os iba diciendo, ahí la única que no encaja soy yo.
- Vivo con mis colegas -insiste, machacando bien en el mis-. Y nada, que si necesito lavarme pues me paso por lo de algún amiguete y fuera. Luego la ropa la pillo en la tabaca.
- ¿Y no hay gente que viva en la Tabacalera?
Se para en seco, bajo el resplandor de una tienda de chinos:
- No, tía, allí ni eso. Allí se va a currar, tía. A echar una mano -. Sonríe picarescamente: - Oye, ¿tienes un billete de quinientos?
La salida me hace soltar la carcajada. De tenerlos, le digo, pagaría el alquiler. No se lo cree y seguimos andando, espantando la friolera con un cigarro. Me pregunta si antes me he sobresaltado porque pensaba que iba a robarme. Como no le digo la verdad, se cabrea y vuelve a pararse en seco:
- Da igual, ¿tienes un euro?
- Anda, Chema... déjalo ya, ¿vale?, que estamos hablando tan tranquilamente y tú vas y lo estropeas...
Él lo pilla y seguimos andando. Me pregunta que qué andaba haciendo yo por La Tabacalera, y le digo que fui para hacer un relevamiento fotográfico, una cosilla amateur. Le explico lo que es un relevamiento y muestra interés sobre todo en la cosilla amateur. Se detiene ante una tienda de chuches:
- Bueno, tía, aquí nos quedamos -. Con todo el morro me planta dos besos en las mejillas-. Que te vaya bien, tía -. Parece que va a meterse en la tienda, pero al cabo cae en la acera de un saltito y mientras me estoy yendo se lanza a un nuevo escudriñaje, esta vez de índole profesional: -¿Y tú qué haces?¿Eres artista o algo así?
- Bueno, lo intento...
-Tienes pinta de eso tú... como el colega donde voy a lavarme y eso. El tío está de okupa con otros colegas, ya son muchos allí pero pronto se le va un argelino así que más que seguro que dejo la plaza y me voy donde el colega...
Cuesta creer que Chema viva en la calle. Verdad que su acelere se podría deber a algún tipo de estimulante, en cuyo caso le será necesario disponer de algún dinero... o quizá el tío siemplemente lo lleve bien y el morro que luce sea cuestión de oficio callejero. Lo que sí está claro es que a Chema le gusta entablar, no se corta un pelo al pedir y no va por el mundo asaltando carteras. También está claro que es mitad payo mitad gitano, y que le encanta vivir.  
Recuerdo la primera vez que entré en La Tabacalera. Apenas al bajar por la rampa tuve una reminiscencia; mejor dicho, dos. La primera y más cercana es el recuerdo de la que fuera "nuestra primer Malharro" (la escuela de Bellas Artes donde estudié) que sucumbiera bajo el peso de un enorme tanque de agua por causa de un tornado, allá por el '93. La otra es un sueño muy antiguo que podría pasar, igualmente, por una suerte de realidad aledaña. Me recuerdo bajando a través de una galería subterránea. La galería de una vieja fábrica abandonada tan similar a ésta, que ya antes de bajar me paré en seco, abrumada por el deja vù. Pensé entonces en el descenso a esa parte de la mente donde no se recurre nunca, o casi nunca, y que no obstante reflota en imágenes casi siempre huérfanas de palabras y frases inconclusas por definición. Yendo por sus galerías, ambos recuerdos se mezclaban en mi filmoteca vital con la emoción de los viajeros que van por los sueños y las artes, sin más brújula que su inspiración.
Recordé la manera en que marchamos, aquel invierno del '93, por la calles de la ciudad hacia el Municipio y cómo nos precipitamos dentro del consejo deliberante para exigir, con el director de la escuela a la cabeza, nuestro derecho a un edificio en condiciones, ya que el nuestro había quedado inutilizable. Nada de marchas: acción pura en auténtico ejercicio de una democracia todavía cavilante, de pacht-work. Recordé las puertas del Consejo -cerradas- y las miradas atónitas de los consejales, que estando en asamblea jamás hubieran imaginado semejante intrusión. Pero lo hicimos. Y no sólo lo hicimos, sino que además conseguimos que en muy poco tiempo nos dieran un edificio nuevo. Vaya, que lo recuerdo como si fuera hoy. Nada de cacerolazos, ni banderas, ni manifestaciones multitudinarias, ni cartas al Alcalde: movimiento.
Hablo, claro, de otros tiempos. De los tiempos en que la gente no temía dejar al descubierto su piel. Hablo de los tiempos en que todavía se podía entrar a la casa de un amigo y abrir la puerta de su nevera sin pedir permiso, que así es el país que yo recuerdo.
- Y tú de dónde eres, tía...
- De Argentina.
Chema suelta una risita divertida:
- No, que si eres del barrio...
- Ojalá lo fuera, en realidad vivo en la Sierra.
Tengo la sensación de que Chema no conoce la Sierra, y que no sólo no la conoce: nunca ha oído hablar de ella; es más: hasta es probable que nunca haya salido de Lavapiés. Es un autóctono, testimonio de la endogamia multiracial -vaya paradoja- del Lavapiés castizo y a la vez del nuevo, del Lavapiés bicicletero y autogestionable de rastas y conciertos organizados a golpe de birra y buena voluntad, entre las catacumbas de una fábrica clausurada donde la vida, como la hiedra o el musgo, puja por parirse a toda costa. Me gusta ese mundo de analogías. Me gusta cómo sabe, cómo habla, oye y huele la gente que se pasea por allí. Me gusta su sensación de historia dejada a la mano de Dios con su gente dejada a la mano de la gente.
Al decir del filósofo Ignacio Castro Rey, la Tabacalera me hace pensar en la recuperación del sapiens analógico frente al humano-ide en la era digital. En la posibilidad de llenar el vacío de la gran fábrica humana que convierte una mole abandonada en un paseo -ya no un paseo de compras- sino en un paseo por la imaginación. ¿A dónde irán los patos en invierno?, se preguntaba el joven Holden Coulfield. Igual de melancolico, Fragil se pregunta: ¿qué quedará de nuestra civilización? (piensa El Keller).
Y yo me pregunto: ¿nos quedará algún resquicio de libertad debajo de nuestra piel, capaz de entrar en cualquier consejo deliberante del mundo para exigir nuestros derechos tal como lo hacíamos hasta no hace mucho?¿O habrá que resignarse a aceptar la aberración con el escepticismo del que ya no tiene nada más que entregar?
O habrá que creer en la certeza de Buraco Negro, que dice:
Cuando todos nos hayamos ido sólo quedará el plástico y éste será nuestro legado, el testigo silente de lo que un día fue la civilización. Mientras tanto seguimos llamando BASURA a todo aquello a lo que no le damos valor, sin pararnos a pensar que el valor es relativo y que sólo hace falta volver a mirar para descubrir entre una montaña de desperdicios un montón de diamantes.
Me despido de Chema con el pálpito, nada escéptico, de que si llego a quedarme en la capital del reino algo más tiempo del que presumo -en mis circunstancias va a ser difícil- cojeré mis cuatro bártulos y anclaré mi nave en Lavapiés.
- Pues hazlo, tía, que aquí hay mucha vidilla, pero igual vivir en la calle... no mola -. Se mira las puntas de las zapatillas, y mientras voy andando me suelta: - Que nunca te toque, tía, que nunca te toque...
Entonces sí que le creí.

6 comentarios:

LUG dijo...

Visité la Tabacalera el verano pasado y las sensaciones fueron extrañas. Como todo lo traduzco al maldito ego - ese es mi método de autodestrucción - puedo decirte que me vinieron a la memoria unos espacios que "habitamos" adolescentes en el Burgos de entonces (¿imaginas cómo era Burgos al final de los setenta?). En aquellos días no existía (al menos en mi mundo) la revolución digital y Berlín era semi-rojo, oseatíaparanadafoster. Yo me escandalizaba por las declaraciones de un diseñador que decia que "en el futuro el LSD será sustituido por las vitaminas". ¡Fíjate! ¡Me escandalizaba en mi bendita tontuna!. No entendí la profecía - era un quinceañero; aunque la verdad es que nunca he sido fino con las profecías....... te decía, RAB//, que la Tabacalera me recordó el espacio quinceañero en el que ensayábamos obras teatrales siempre improvisadas y estados de conciencia siempre alterados. La Tabacalera me provocó una sonrisa ladeada de mala puta escéptica y tuve que darme una colleja. Y no pensé en nada mientras recorría los espacios pintados y charlaba con un hombre que tenía una gran obra teatral en la cabeza a punto de estrenar. No pensé, pero pude hacerlo, que el espacio tenía mucho de analógico y, por tanto, de reserva apache. Y medité - o pude hacerlo - sobre lo analógico sin saber ya qué leches es lo analógico y con la misma imprudencia me propuse la traducción de lo digital a lo analógico como programa de una nueva vanguardia revolucionaria, dejándome llevar por un alfabeto que ya sólo recuerdo si recuerdo, si dejo que fluya la memoria entre las paredes, el polvo, la cochambre del edificio, la amenaza del derrumbe, el buen rollo del ayuntamiento, la nostalgia de la comunidad, quizás el olor a marihuana...

Me gustan tus cambios de color en la página. No me gustó que un día me dijera el aparato que para entrar tenía que ser invitado.

¡¡Salud!!

tula dijo...

Personalmente no espero nada del orden social, ya me fue dado al nacer y es el que sostiene esta realidad, así que....
...buscaré otras realidades pues al fin y al cabo son tan reales como esta y puedes crear tu propio orden.
un beso.

Anónimo dijo...

Hola RAB. Linda reseña anecdotaria de la tabacalera. Yo la conocí hace tiempo, al llegar a los madriles, luego al ver tu post me has traído el recuerdo de esos tiempos y los he conparado con la Barcelona de hoy día, he pensado en un país bicéfalo con dos capitales tan distintas, y he pensado en la fuerte identidad de este lado del mundo que al llegar pensaba yo, no, no puede ser ¡si es el mismo país!, pues no, no lo es, y se ve hasta en los graffitis (vi tu relevo del Barrio gótico en el otro blog). Yo creo que a Madrid le hace falta no una sino muchas tabacaleras.
Saludos RAB
CHCH

RAB//. dijo...

LUG, si tu método de autodestrucción fuera el ego a mí me da que ya estarías muerto :)
Es broma negra (en parte). Está bien tomárselo con humor, al fin y al cabo es el mejor paliativo contra las decepciones. Será que bajar por la rampa me ha traído olor a seminfancia y ese reducto de mi memoria está intacto, pura ingenuidad supongo. Algo que como verás me empeño en conservar.
Tula, no sé bien si esto tendrá que ver con el orden social, pero te entiendo. De todas maneras, no sé yo si creando un orden propio uno no acaba por aislarse. Yo lo he intentado, y no lo recomendaría. Lo cual no significa que a otros les pueda funcionar.
Chinchu, creo que Madrid goza de muchos sitios interesentantísimos, además de que ir por sus calles puede constituir un relax que no he notado en Barcelona, que está hasta arriba de turismo y por lo que he visto los precios se han disparado para sus propios habitantes y no han sido pensados para ellos. Por lo demás, coincido contigo en que es una ciudad, por decirlo de algún modo, intensa, muy atractiva y mágica.
Sin embargo, sigo prefiriendo Madriz.
:+ :+

Mercedes Thepinkant dijo...

Un encuentro muy estimulante.
Saludos

RAB//. dijo...

:)